
Un oso desterrado por la suerte a un bosque pavoroso en intrincado. Allí vivía solo y oculto, sin poder un rato tener sociedad. Vivía el Oso, pues, muy disgustado (no obstante de ser Oso) de que nadie pasase por allí. Cansóse, al cabo, de aquella triste vida.
Justamente cuando, cuando él estaba a solas lamentando, no muy lejos de ahí se fastidiaba de la mísma manera cierto Anciano, muy afecto a jardines y vergeles. De Flora consagrado sacerdote.En fin cansado el viejo de vivir con gente muda (Se supone que los osos son mudos también, pero bueno). Fué el chiste que enmedio del camino se encontraron. El hombre tuvo miedo mas no había otro recurso que disimularlo. Gastaba el Oso pocos cumplimientos, y dijo al hombre: - Vente a mi palacio. El hombre replicó: - Señor, micasa más cerca d eaquí está. Si el agasajo quereís de serviros de ella, podré abundantemente regalaros sabrosas frutas y exquisita leche. Muy urbano aceptó su convite el Oso, y fueron en amistad recíproca paseando.
Juntos ya en el jardín en paz vivían; porque, aunque es preferible y es más grato vivir solo, que no vivir con necios. Como naturalmente era callado el Oso, no impedía con disputas que el hombre continuase su trabajo. El oficio del Oso era la caza y espantarle las moscas al anciano, cuando estaba durmiendo, Cierto día, en las narices se le puso una Mosca. amostazado con ella el Oso, quiso echarla el guante.
- Yo te atraparé -dijo muy ufano. Hecho y Dicho. Enarbola prestamente su mano cruel y aplasta de un porrazo la Mosca… y la cabeza de su amigo, siendo para alguacil tan torpe y malo como para orador se le advería. En nada hay más peligro que en el trato de un ignorante amigo. Mejor sería un enemigo sabio.
Jean De La Fontaine