Ellos me obligaron a derramar sangre. Confieso que hace tiempo, los dias en que mi mente no estaba nublada por “ese” sentimiento, hubiera disfrutado de la escena, pero no podía hacerlo ahora . ¿Eran seres hermosos verdad?. ¿Porqué tuvieron que hacerlo? ¿Porqué no dejaron pasar libremente a este gnomo -pobre y viejo gnomo- que siguiera su camino, pensando en sus maldades, a quién silenciar, qué aliento mermar?
Malditos sean demonios alados, por haberse metido en un camino qu eno les correspondía. Yo mismo albergué uno de su especie dentro mi casa hace ya tiempo, cuando el bosque era joven y los árboles poseían corazones puros -cosa que no sucede ahora-. Maldita época aquella en que soportaba la presencia de Seres repugnantes, Ninfas, Adas y Duendes, jajaja, Todos muertos al fin.

Lo crié para sacarle los ojos a Gampelt, el viejo que transportaba a la gente en su barcaza debajo de mi puente. regalo que le había prometido después de reusar pagar mi cuota, y además atreverse a decir que no me tenía miedo.
Lo encontré tirado en el suelo y lo vi retorcerse como desquiciado mientras las hormigas hacían gran banquete con el órgano extirpado. Es una lástima que el inútil de mi lacayo no pudiera arrancarle el par de golpe. Sólo me trajo ese repugnante vestigio de cornea e iris junto con toda esa asquerosidad que hay dentro de la cavidad ocular. No era suficiente para lograr un bocado decente, y aún asi le di albergue a ese, mi inútil mensajero.
Los aldeanos lo bautizaron “El mensajero de la angustia”, maldita sea toda esa gente privada de gracia alguna. Son tan imbéciles que no pudieron darse cuenta que los designios anunciados por kraken ( si, yo lo bautize Kraken) venían de mi. En fin, no soy alguien que le importe la fama, jajaja, y poco me importó que esa gente no supiera el origen de sus fatalidades, al fin y al cabo, el miedo y el estupor era algo que sobraba por donde yo pasaba como para que me sirviera más reputación.
Solo que, Kraken no opinaba de la misma manera. ¿Fueron demasiadas tareas de desmembramiento? Tal vez, y por eso el inútil llegó a creer que podia estar sin mí.
Jajaja, pueden creerlo, la pobre ave renacuajo, estar sin mí. Creer que su inútil cerebro de pajaro pudiere conjurar las más bestiales atrocidades propias de una experiencia milenaria como la mia o la de akeronte. Ese inútil, que luego se volvio mal agradecido, no volvió luego de la última encomienda de vaticinio que debia realizar.
¿Que si lo extrañaba? tanto como contar ducados de oro. Maldición, ¿porqué sentía aquella perversión dentro de mi? Nunca me fue de gran utilidad en verdad. Desde que lo traje a casa solo fue dificultad tras otra; curar sus alas rotas, quitarle las garrapatas, buscar sanguijuelas en el lodo para darle de comer. ¿Y porqué lo hice? bien pude pagarle a cualquiera para que realizara su tarea con mayor eficacia. Maldita perversión que hizo sentir dentro de mí. Pero ya no tenía que pensar más en eso, él se había ido.


















